28.1.13

Todos los días sale el sol, chipirón

En algún momento se había convertido en un rumor lejano, un fantasma apenas. Una manta que rodeaba únicamente tus huesos y que poco a poco se deshacía al ponerse en movimiento. Un cansancio tan abstracto. Pero tú sabías que eso era sólo una ilusión. Y así, una noche, te encuentras con todo como una conjunción extraña, como una broma cruel, como algo que creías que ya había pasado pero vuelve sin avisar. Con el tiempo aprendes a escuchar tu cuerpo, y con la escucha, a entender qué sucede. Aprendes a tener paciencia y a soportar la frustración, la espera. A no pedir explicaciones a la vida, a no buscar culpables y a darte tiempo. Aprendes a diferenciar la química en tu cerebro, a desvincularte de ella porque sabes que sólo es una consecuencia más de arrastrar por la vida ese cansancio sobrehumano como si nada pasara. Te construyes una tabla de náufrago a la que agarrarte con uñas y dientes hasta que pase el temporal. Es algo físico, no soy yo, repites como un mantra. No siempre apetece tener fuerza para recuperar tus pensamientos positivos de toda la vida; a veces basta con recordarte que es como los delirios que puedas tener por culpa de la fiebre, sólo una consecuencia, pero algo físico. No eres tú, no te define, sólo son palabras que pasan por tu mente, lágrimas que ruedan por tus mejillas, pero si al fin y al cabo nadie en esta vida se define a sí mismo por cómo es su sangre o sus rodillas, ¿por qué ibas a hacerlo tú? Te acuerdas del cansancio de Pessoa, del poema de Girondo, de las líneas de Benedetti, de las cucharas, y no te sientes sola, sabes que en cierto modo se sintieron igual. Que ellos también sufrieron de esas palabras, y si no de estos dolores, quizá de otros. Te acuerdas del poema piramidal que escribió un día aquella niña asustada, cuando en el fondo estaba respondiendo a una pregunta retórica nunca formulada. El conocimiento es poder, la seguridad corporizada de saber en tus entrañas que todo pasará te evita el miedo; el triunfo de la mente sobre la materia, diría cierto vampiro. ¡Já!

Y así, escuchas aquella de Bongo Botrako, o esta otra de Diego Torres, o ves aquella película que te hace reír. Tus ojos se llenan de imágenes alegres. Agradeces, muy en el fondo, todas las horas que una noche de insomnio forzado te regala para descubrir una nueva lectura o una película. ¿Alguna vez habéis estado tan cansados o doloridos que no habéis sido capaces de dormir? Qué migraña. Así pasan las horas. Y sabes que es algo que tiene que venir, pasar y que en algún momento, o se irá, o tú te acostumbrarás a ello. Sientes cómo tus articulaciones van tomando protagonismo y te acuerdas de aquel artículo que leíste un día en el que explicaba que el frío acentúa el dolor, atando así una cadena invisible alrededor de medio mundo. Será un regalo que me traje de mi otra vida, piensas. Cierras fuerte los ojos. Menos mal que te robaste otros, como la bendición de un sueño tan, tan profundo que te permite dormir algo, incluso entonces. Te acuerdas de aquella frase inconexa, inconclusa, tan triste que no es triste: "Hace una noche imprescindible, yo diría que incluso" Y, al final, te duermes sobre una almohada ya húmeda. 

El día de mañana será largo, exactamente de 24 horas, como todos los demás. Será un sábado. Sin embargo, esto ya no tiene nada que ver contigo años atrás, ahora no sientes vergüenza, ni miedo, ni culpa, ni prefieres estar a solas con el mundo. Te tomas tu tiempo. Respiras hondo y puede que tu voz suene temblorosa en lugar de divertida, pero explicas la situación. Y entonces sucede algo mágico, algo con lo que no contabas. Como los monstruos de debajo de la cama, al decirlo en voz alta nada suena tan grave. Las palabras transforman la realidad. Y no lo es. Claro que no. ¿Quién no ha pasado alguna vez una mala noche? ¿Vas a ser tú la única en el mundo? Se ha caído el drama para no volver. Nunca más será igual. Recuerdas aquel día en el bar de la facultad cuando decidisteis, juntas, que los problemas eran una mentira: que si algo tiene solución, no es un problema, y si no la tiene, tampoco, sólo una situación. Eso es: sólo es una situación.

Gracias, A. por tu paciencia este fin de semana, por seguir hablándome aunque tardara 4h en llegar, por proponer planes alternativos y por elogiar mi habilidad subiendo escaleras ;P

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3 comentarios:

Apaga y vámonos dijo...

Bongo Botrako y La Pegatina, esas grandes fuentes de alegría y sabiduría ;)

Saia Sikira dijo...

Ez horregatik :) con lo mal que a mí me sabe no poder hacer más. Cuenta con mis cucharas y conmigo siempre que nos necesites.

M. dijo...

Ciertamente... :) Viva la música buenrollera.

Gracias, "Saia". Lo mismo digo, aunque sé que no hace falta decirlo.