24.1.13

175-180: Hay cuentos aún por inventar

Crédito de la imagen: Alan Barry
Pues sí, amigos. Una imagen vale más que mil palabras. Ahí arriba tenéis el Lough nevado, lunes por la mañana. Porque en Cork no nieva nunca. Fue una de las primeras cosas que pregunté a mi familia.

Tú te vas a dormir un día, con varias capas de ropa, el edredón y la bata (ya lo sé, soy una exagerada) y la cabeza bulle de ideas, viejos y nuevos proyectos y las cosas que nos pasan en esta ciudad donde el aire está cargado de cucharas (no intentéis entenderlo). Todo parece estar en su preciso lugar: huyes de los músicos de la calle porque te asusta, al paso siguiente, aparecer en mitad de una película; sigues pasando los domingos por la tarde en Eco Coffee; todo lo procrastinas; robas conversaciones en momentos inesperados; en fin, todo más o menos como siempre.

Al día siguiente, te despiertan los gritos de los niños en la calle. Todavía sin pasar a posición vertical, enciendes la luz, apartas un poco la cortina y... ¡Sorpresa! Ha nevado. Te pilla tan por sorpresa que se te olvida todo lo demás. Espero no perder nunca la capacidad de asombro y fascinación ante los pequeños grandes regalos de la vida. La mirada de niño.

Ha sido una semana peculiar. Aunque no haya dejado de hacer cosas ni un segundo, apenas he salido de casa. Y es que todo lo que conté en el post anterior queda muy bonito escrito ahí, pero lleva su tiempo. Y a fuego lento van apareciendo nuevas ideas que se encadenan con otras hasta que, al final, tienes que recordarte a ti misma que el tiempo va pasando y en algún lugar hay que parar. Porque la concentración, la imaginación, la fascinación y el asombro no entienden de horarios, ni de trabajos, y de repente te das cuenta de que te queda una hora para hacer lo que normalmente haces en tres porque estabas tan absorta en lo tuyo que (¡otra vez!) se te ha olvidado el reloj. Y entonces llega G. y pone en marcha el otro reloj de tu vida, y al calor de la responsabilidad, del placer de ocuparte de todo, vuela la tarde y enciendes de nuevo todas las luces de la casa. Te refugias en tu habitación de color lilac.

Así pasan los días: rapidísimo. Te propones hacer cosas, te pones metas. El paisaje va cambiando a tu alrededor. Tu voz pone en palabras un pensamiento colectivo: mi vida no solía cambiar tanto en seis meses. Un manto de pequeños olvidos, poesías, sonrisas amigas y otros bálsamos cubre tus ojeras, como si a ratos pudieras olvidarte de ellas. 


Así llegamos a la noche de ayer. A Elsa López, a Dr. Deseo, a Alfonsina, a Chantal Maillard y a todas sus frases retonando en mis oídos mientras una única frase, llena de palabrotas en contraste con toda la poesía que no puede curarte, sale de mis labios: ¡** **** en el maldito karma de los *******! Yo estaba sentada tranquilamente, intentando reunir el valor suficiente para hacer algo ya de por sí complicado, hasta que dejé de estar sentada tranquilamente y pasé a coger mi abrigo e irme tan lejos como el sentido común me permitiera.

Porque si te quiero imposible, más allá de mis brazos o la aurora que extiende un sueño en las tinieblas. Porque perdona si me bebo la luna que duerme en tus ojeras. Porque perdona si comparto contigo mis asombros. Porque hay cuentos por inventar. Hay cuentos aún por inventar. Porque, ¿dónde está la boca, la boca que suspira? Porque cuando ocurra, si ocurre, ¿sabré yo de suspiros, sabrás tú suspirar?

Porque cuando -sin la menor intención consciente- vuelves a la calle de Serendipity, cuando huyes de los músicos y de las palabras, cuando de repente te encuentras sola, de noche, tan sólo con el teléfono móvil en la mano diciendo "No me cuelgues, anda" en mitad de una ciudad donde pese a todo respiras cucharas, cuando incluso un desconocido te dice que hay algo por resolver, cuando el Universo es tan explícito que, aunque no creas en el karma, el destino o el tarot, cualquiera podría ver que la estadística no está precisamente de tu parte, ... cuando todo eso ocurre, te das cuenta de que no se puede huir de uno mismo ni siquiera llevándose toda la poesía del mundo, no se puede ir por la vida dejando una historia por acabar en cada ciudad y sobretodo no se puede pretender que nada ha pasado.

Entonces suspiras (nunca mejor dicho), sigues hablando en español por teléfono, le dices al tipo que te acaba de saludar en castellano al oirte (porque esto es algo que en Cork pasa constantemente) que there has to be something very wrong with me, but I have to go somewhere, te armas de valor y vuelves. Vuelves a estar precisamente en ese sillón, precisamente en ese pub, precisamente ese día de la semana, como si con tal precisión le estuvieras diciendo al Universo que te rindes. Que sea lo que Dios quiera, piensas, porque Dios, con perdón, tiene un extraño sentido del humor. A veces no nos queda más remedio que, como diríamos por aquí, "echarle cucharas", o sporks, o cuberterías enteras y hacer lo que hay que hacer.

Y por añadirle un toque de humor al párrafo anterior:

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3 comentarios:

Saia Sikira dijo...

te voy a hacer un copia-y-pega de algo:
-I often run out of spoons. Knives and forks too!
-it's actually quite handy for you to be informed of my metaphors when you want to comunicate with me xD ohhh
-Then I have to raid life's cutlery drawer so I'm operational once again. :P
-knives and forks are great tools now. must be tough not to have enough!
-What about sporks? You know - the spoon/fork combo? Is that the solution to all spoon-deficiency problems?
-I actually took one of them little wooden spoons they've got in ecocoffee to make a necklace with it whch says "emergency spoon"
-Similarly, I have a huge spoon stuck to the outside of my door.

That's it, más o menos...

M. dijo...

Gracias :) I think I know where it comes from. Sé que tú entiendes mejor que nadie estas entradas.

Saia Sikira dijo...

No, si entre tú yo yo vamos a popularizar la Spoon Theory a base de dar la lata :)