5.12.09

Balance

A falta de pocas semanas para acabar el año, empiezo a sentir la necesidad de hacer el típico y tópico balance. Muy en la línea de la segunda adolescencia, si se le puede llamar así, ha sido un año de altibajos. No es que empezara mal: es que era todo confuso y turbio.

Ha habido momentos en que pensaba que resbalaba de nuevo al no poder controlar nada. Han muerto personas. Han pasado cosas terribles. Mi madre ha pasado casi todo el año en el paro. Ha habido sustos. Pero también ha sido mi año en otros sentidos... Me repito respecto del año anterior y es una repetición que espero que continúe algunos años más: he madurado, estoy creciendo y me estoy dando cuenta de ello como nunca. Ha sido un año de reflexionar, de leer, de estudiar duro. El último cuatrimestre del primer curso fue durísimo, o almenos así lo viví, pero me hizo revestirme de una fortaleza que radica más en la serenidad que en las barreras, que me ha ayudado a relativizarlo todo, a darle la vuelta a cada situación y a permanecer incansablemente alegre cuando a otros hubiera satisfecho que me hundiera en una miseria artificial y ficticia.

Por otra parte, también ha sido, paradójicamente, uno de los mejores años en muchos aspectos. Me he visto de repente envuelta en una independencia que no me esperaba y que me ha sentado genial. Y he podido disfrutar de lo que más me gusta: viajar. Mallorca, Barcelona, Madrid, Valencia. He contado con el cariño y la complicidad de gente más o menos nueva en mi vida que me ha demostrado mucho con muy poco. He conocido gente nueva (aunque va en contra del halo de antisocialidad que suele acompañarme, es algo que me encanta). He disfrutado de buenas y nuevas lecturas, de los amigos, de largos paseos, de la piscina y de las cosas sencillas. He cumplido casi todos los objetivos que me había marcado y me he propuesto y alcanzado algunos que no tenía previstos, como el nivel D de catalán. He conocido a una persona que, sin saberlo y sin que aparentemente se dé cuenta, me ha cambiado la manera de ver la vida de la A a la Z. Me he adentrado en campos para mí desconocidos de las relaciones humanas. Y, como para compensar la tensión de los opuestos, también he disfrutado de las lecturas de autobús y de los ratos de soledad como nunca.

Es cierto que la tensión de los opuestos me ha acompañado este año. No ha habido término medio: o muy bien o muy mal, a menudo en un mismo día. Creo que la palabra para definir este año es "intenso". En cualquier caso, ha supuesto un paso más hacia quien quiero ser, hacia lo que quiero conseguir, hacia quién soy en relación al mundo, y eso -en los tiempos que corren- no es poco. Así que, como siempre, y como me resulta natural hacer, extraigo de lo malo, lo mejor (todo lo que he aprendido) y me quedo con lo bueno, para seguir viviendo a pulmón.

D.

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