26.12.09

El perro muerto en la cuneta

Escribí esto un día que mi profesor de filosofía me habló de Thoreau, de Walden. Me dijo: "Thoreau es el perro muerto en la cuneta de la Filosofía: todo el mundo sabe que está ahí, pero nadie quiere mirarlo. Y aun así, siempre es irresistible echarle un vistazo y apartar la vista enseguida, con repugnancia, sí, pero con fascinación." Y yo fui repitiendo estas palabras mentalmente hasta que pude repetirlas al llegar a casa, sólo porque me parecía curioso tenerlas. Aunque más curioso aún resulta que ahora me cruce a ese profesor por la facultad y no me reconozca.

Nadie quiere mirar
el perro muerto en la cuneta.
¿Quién podría querer mirar
el perro muerto en la cuneta?
Pasamos de largo,
niño, no mires eso,
pero el perro seguirá en la cuneta.
A todos nos da lástima
el perro muerto en la cuneta,
pero, ¿quién puede hacer algo
por un perro muerto en la cuneta?
Nadie estudiaría
el perro muerto en la cuneta,
todos ignorarán
el perro muerto en la cuneta.
Pero todos sabemos
-o todos ignoramos-
que el perro muerto en la cuneta
somos cada uno de nosotros.
Nadie quiere mirar
el perro muerto en la cuneta.
¿Quién podría querer mirar
el perro muerto en la cuneta?
Todos sienten lástima
por el perro muerto en la cuneta.
No se puede hacer nada
por el perro muerto en la cuneta.
Nada puede hacerse.
Todos somos ese perro en la cuneta.


(A JL)

M.
3 de diciembre del 2007


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